jueves, 1 de septiembre de 2016
II - Shaz'akar.
Hace seis semanas que comenzó la invasión de la Legión. Me encuentro en las Islas Abruptas, en Azsuna, para ser exactos, rodeado de ruinas, de bosques tan de ensueño que dan ganas de prenderles fuego y de extraños elfos sedientos de maná que me recuerdan con pesar a los Desdichados.
En este lugar, el cielo es de un color ambiguo, entre el azul y el gris. No sé cómo se llama. ¿Añil?
Una vez conocí a un pintor ciego que era capaz de mezclar pigmentos con los ojos cerrados. Identificaba la mezcla por el olor. Creo que murió durante el Azote.
Una lástima. Seguro que él sabría decirme de qué maldito color es el cielo de Azsuna.
Hoy los Illidari han conseguido al fin contener la invasión de la Legión en la costa, al menos por ahora, así que mis tétricos compañeros y yo emprendimos el camino hacia el santuario de los dragones azules, donde estoy ahora. Resulta que quedan dragones azules vivos. Quién lo iba a decir, ¿verdad?
Thokmoth, mi abisario, es silencioso. Durante el camino hacia el Santuario se deslizaba junto a mí sin ruido, apenas crepitando de vez en cuando. No es el ruido precisamente lo que puede alertar a otros de su presencia, sino esa sensación de densa pesadez que le acompaña, pero en todo caso agradecí la quietud que me permitía disfrutar del paisaje. Y Azsuna tiene un paisaje digno de admirarse. Shaz'akar, en cambio, no se ha callado en todo el camino y me ha fastidiado la experiencia.
Cuando puedes invocar y despedir a tus demonios a tu antojo, te acostumbras a hacerlo siempre que te molestan, pero con Shaz'akar es diferente. A él no puedo mandarle al Vacío Abisal cuando me está hartando, y a medida que pasan los días me doy cuenta de lo difícil que es convivir con un cráneo demoníaco parlante.
Shaz'akar fue en su día un demonio. Ahora no queda nada de él, solo su calavera y su esencia maldita. Uno pensaría que, como no tiene lengua ni cuerdas vocales, no puede hablar, pero el muy bastardo proyecta su voz de ultratumba y la hace resonar con ecos fantasmales en el aire. Así se ha pasado todo el viaje. Hablando sin parar. Que si en sus tiempos las construcciones eran más sólidas, que si ha destruido mundos mejores que este, que si esto qué es, que si adónde vamos... Al final, durante parte del camino he preferido invocar al diablillo para que hablaran entre sí y me dejaran tranquilo. Comprendo que, tras siglos de esclavitud, Shaz'akar tiene mucho que decir, pero no tengo por qué ser yo quien aguante sus historias.
Este cráneo flotante ha quedado ligado a mi existencia, al menos por ahora, a causa de la daga. La daga está ligada al cráneo, y la daga es poderosa, tanto como lo es el propio Shaz'akar. Yo estaba atrapado en una prisión de la Legión y necesitaba un arma para escapar. De modo que hice un pacto con el cráneo, le robé la daga a su antiguo dueño, un Eredar con mala leche, y le asesinamos antes de huir como ratas.
¿Y cómo llegué a ser prisionero de la Legión? Eso seguramente lo explicaría mejor Rittsyn, que al fin y al cabo es quien tiene la culpa de todo. El viejo orco es un brujo eminente. Nos conocemos desde hace medio año, suficiente para hacerme cambiar de idea acerca de los brujos y también acerca de los orcos. Pero a veces se equivoca, como todo el mundo. Aunque, sinceramente, ¿alguien pensaba que crear un portal e invocar a un Señor Demoníaco con un GOBLIN en el equipo podía salir bien?
Con el traslado de Dalaran y la guerra contra la Legión, Rittsyn y el resto de líderes de la Cosecha Oscura nos convocaron a todos los acólitos. Allí descubrí que yo no era el único brujo que había perdido el control sobre algunos demonios mayores. Se debatió la necesidad de encontrar armas más efectivas y fortalecer nuestro poder. Los líderes nos instaron entonces a participar en un ritual para abrir un portal y traer a un poderoso Señor Demoníaco al que someteríamos entre todos. De este modo poseeríamos su voluntad y podríamos controlar a sus legiones. Durante el ritual, el estúpido goblin falló y el demonio nos arrastró a través del portal. Los que no pudimos huir, fuimos hechos prisioneros.
Para ser mi primer viaje a un mundo de la Legión, puedo darme por satisfecho, la verdad. No quiero entretenerme explicando el miedo, las torturas y las crisis de pánico. Prefiero olvidar eso cuanto antes, si es que puedo. El hecho es que salí vivo y con una daga robada. Es tener suerte, al menos por esta vez. Durante gran parte del camino pensaba que iba a morir o a ser devorado por alguna criatura, pero pronto encontré a los demás supervivientes, y dirigidos por Rittsyn, Jubeka y ese otro tipo cuyo nombre nunca recuerdo, conseguimos volver de una pieza. Lo que hizo Ese Otro Tipo es realmente notable: ha conseguido poner a su servicio a un ejército entero de demonios, dominar uno de sus mundos y ahora es, por aclamación, el líder de la Cosecha Oscura. Hemos conseguido mantener un portal estable entre Dalaran y ese maldito asteroide arrasado y allí se prepara nuestro ejército de demonios.
Un ejército de demonios, ¿qué puede salir mal? Maldita sea.
Fue al poco de regresar a Dalaran cuando me di cuenta de que el maldito cráneo hablaba. Es difícil esconderlo, es un cráneo flotante, lo que significa que va flotando a mi lado. Ponerle una cuerda y hacerlo pasar por globo no es buena idea. No quiero que me vean con un globo, y además, él no se lo tomaría bien.
Al principio, hablar con Shaz'akar era interesante. Me contó acerca de su naturaleza, de su mundo de origen y de sus años de esclavitud al servicio de la Legión. Parece que ser un demonio independiente tampoco es fácil en estos tiempos que corren. Además, pese a su carácter inflamable, es muy inteligente y sabe lo que le conviene. Hemos hecho un pacto bastante civilizado, dadas las circunstancias. Pero veo que tendré que instruirle con sutileza para que empiece a comportarse de forma menos... absorbente. Sí, debo enseñarle modales. Y puede que a leer. Así estará entretenido.
Es curioso, si me paro a pensarlo, mis relaciones más profundas desde hace más de un año han sido con un brujo emocionalmente amputado, con Arcaxios —un Señor del Vacío— y ahora, con Shaz'akar. Sí, es curioso. Y lamentable. Me pregunto qué será lo próximo.
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